Esta noche de Sábado Santo no es como ninguna otra noche del año, hoy es una noche muy especial e importante para nosotros como seguidores de Cristo, pues ha logrado vencer la muerte y con ello ha fulminado al mal y al pecado de nuestras vidas; alegrémonos hermanos y hermanas porque la vida nueva está servida en la mesa del banquete celestial, y está en nuestras manos tomarla y tomar a Cristo como alimento espiritual para que nos llene de su infinito amor y fortaleza.

Hoy junto con Cristo renace nuestra vida, nuestra alma y nuestro corazón, porque sólo a través de Él podemos vivir libres de todos los males; en nuestro corazón ya no habrá espacio para aquello que nos lastimaba y nos hacía daño desde el interior, porque Jesús resucitado ha entrado en nuestra alma para quedarse ahí.

Hoy más que nunca debemos recordar que incluso ante el evento más oscuro como fue la muerte del mismo Dios, siempre está ahí con nosotros para darnos la fortaleza en oración y amor porque ha resucitado después del momento más oscuro. No debemos temer entonces, porque la esperanza ha llegado con su regreso a la vida eterna, porque Jesús resucitó por nosotros para llevar vida a nuestras almas.

El regreso de Cristo nos recuerda también que no debemos flaquear ante las caídas, así la culpa nos agobie o nuestra alma sea débil, siempre tendremos otro chance de salir adelante junto a Él, su comprensión e infinito amor son y serán nuestro mayor sustento para superar las adversidades.

El mensaje hoy es para que recibamos a Cristo resucitado y le pidamos que logre ayudarnos en ese cambio que tanto anhelamos para llevar una vida bienaventurada, para que el pecado se aleje de nuestra cotidianidad y que los malos sentimientos y deseos no tengan la osadía de gobernar nuestro corazón; pero sobre todo el mensaje es a que llevemos la Palabra de Cristo nuestro Señor a más personas, que seamos cristianos que consuelen, que apoyen y den aliento; ante todo que llevemos vida en momentos de muerte como el que atravesamos actualmente.