El próximo 24 de mayo se llevará a cabo la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales 2020, para la cual el Papa Francisco ha elegido como lema un fragmento de Éxodo 10,2 “Para que puedas contar y grabar en la memoria. La vida se hace historia”, este fragmento elegido meticulosamente por el Papa, busca resumir y exaltar la labor de las comunicaciones en el mundo.

Francisco ha dedicado el mensaje de este día a destacar la narración bien hecha, “que sepa mirar al mundo y a los acontecimientos con ternura; que cuente que somos parte de un tejido vivo; que revele el entretejido de los hilos con los que estamos unidos unos con otros”, como lo ha expresado en su misiva.

Para él, caben resaltar 5 puntos importantes en los cuales se debe basar una buena comunicación y una narrativa adecuada para poder “reencontrar las raíces y la fuerza para avanzar juntos”.

El primer punto importante para el Papa es saber tejer historias, pues somos narrados innatos, “desde la infancia tenemos hambre de historias como tenemos hambre de alimentos”, asegura el sumo pontífice, quien también afirma que aquellas historias que leemos y vemos a través de nuestra vida, son aquellas que nos ayudan a definir qué está bien y qué está mal; allí dejamos plasmadas nuestras convicciones, pues entretejemos nuestra vida entre los relatos que consumimos y creamos. “El hombre es un ser narrador porque es un ser en realización, que se descubre y se enriquece en las tramas de sus días. Pero, desde el principio, nuestro relato se ve amenazado: en la historia serpentea el mal”, concluye el Papa en esta primera instancia.

Por otro lado, Francisco nos deja ver que muchas historias que consumimos están llenas de odios, de banalidades sin sentido que sólo llenan nuestra alma de adornos innecesarios que nos alejan del verdadero camino espiritual, “a menudo, en los telares de la comunicación se fabrican historias destructivas y provocadoras, que desgastan y rompen los hilos frágiles de la convivencia”, asegura el Papa en su carta, no sin dejarnos un hilo de esperanza pues resalta que dichos mensajes o historias negativas son efímeras y no duran mucho tiempo, en cambio los buenos mensajes pasan de generación en generación, porque alimentan la vida. “En una época en la que la falsificación es cada vez más sofisticada y alcanza niveles exponenciales (el deepfake), necesitamos sabiduría para recibir y crear relatos bellos, verdaderos y buenos”, concluyó el Papa con el segundo aspecto relacionado.

Como tercer punto, resaltó a la Sagrada Escritura como la historia de las historias, pues es a través de la biblia que se ha visto representada la historia de la humanidad, y nos muestra ante todo que el Señor es un Dios narrador y creador al mismo tiempo, pues, su Palabra es vida y creación simultáneamente, “no nacemos realizados, sino que necesitamos constantemente ser tejidos y bordados. La vida nos fue dada para invitarnos a seguir tejiendo esa obra admirable que somos”, aquí el Sumo Pontífice nos deja entender que realmente somos todos una historia constante del gran Padre celestial, quien ha creado todo y quien nos ha dado la capacidad de vivir nuestra propia historia, guiados de aquella historia suya que está plasmada en la Palabra de Dios, “en este sentido, la Biblia es la gran historia de amor entre Dios y la humanidad. En el centro está Jesús: su historia lleva al cumplimiento el amor de Dios por el hombre y, al mismo tiempo, la historia de amor del hombre por Dios”, afirma Francisco frente a este regalo divino que lleva con nosotros siglos y bajo el cual está inspirado el nombre de la carta, pues es en el Éxodo donde encontramos el gran mensaje de Dios que ha liberado a su pueblo de la esclavitud.

Por otro lado, asegura que la historia de la humanidad es una historia que se renueva, pues reconocemos que Cristo no es una historia de hace 2000 años, sino que, nos deja claro que somos tan importante para Dios, que Él mismo decidió hacerse carne para convertirse en nuestra historia más bella; “en la historia de cada hombre, el Padre vuelve a ver la historia de su Hijo que bajó a la tierra. Toda historia humana tiene una dignidad que no puede suprimirse. Por lo tanto, la humanidad se merece relatos que estén a su altura, a esa altura vertiginosa y fascinante a la que Jesús la elevó”, continúa Francisco, quien al igual que San Pablo, está seguro que la historia de Dios no debe ser plasmada en rocas sino en el corazón latente de cada persona que vive su historia dando testimonio del amor infinito del Señor.

El Papa concluye con que la historia de la Palabra de Dios es una historia que nos renueva, pues, mientras estamos leyendo las Sagradas Escrituras, no sólo estamos leyendo un texto, sino que, estamos también dejando que el Espíritu Santo escriba sobre nosotros todo su amor y sus enseñanzas, estamos permitiendo que plasme con su gracia un mensaje en nuestras vidas, que se convertirá entonces en relato de su poder; “cuando rememoramos el amor que nos creó y nos salvó, cuando ponemos amor en nuestras historias diarias, cuando tejemos de misericordia las tramas de nuestros días, entonces pasamos página”, y así es como también el Señor ve nuestra historia: “Contarse al Señor es entrar en su mirada de amor compasivo hacia nosotros y hacia los demás. A Él podemos narrarle las historias que vivimos, llevarle a las personas, confiarle las situaciones. Con Él podemos anudar el tejido de la vida, remendando los rotos y los jirones. ¡Cuánto lo necesitamos todos!”, continúa Francisco, quien asegura también que a través de los errores mismos es como corregimos nuestra historia y aprendemos entonces a alejarnos del mal, finalmente el papa concluye con una reflexión: «no se trata, pues, de seguir la lógica del storytelling, ni de hacer o hacerse publicidad, sino de rememorar lo que somos a los ojos de Dios, de dar testimonio de lo que el Espíritu escribe en los corazones, de revelar a cada uno que su historia contiene obras maravillosas”.