Empezamos esta semana con un regalo que tal vez muchos ya no gozan, con la mayor bendición que Dios nos regala: la vida; y debemos agradecer eternamente por esto y por cada bendición que la rodea, como nuestra familia, nuestros empleos y el tiempo de reflexión; y es hoy cuando más debemos aprovechar nuestros tiempos en el hogar, para acercarnos a nuestro Padre Celestial y estar más unidos que nunca con Él, debemos recordar hoy que la vida es un proceso de aprendizaje porque a eso vinimos, a aprender.

La pandemia del Covid-19 ha traído angustia y miedos, que son muy naturales pues es un cambio en nuestro estilo de vida que nos ha demostrado que debemos volver a lo que realmente tiene relevancia: Dios, porque si algo hemos recordado todos, desde el pobre hasta el rico, es que somos efímeros y no hay nada más valioso en vida que la salud, aprovechemos el espacio en casa y acerquémonos a Dios a través de la oración y la reflexión, pero también a través del prójimo. Que nuestra alma resucitada en Cristo recuerde y sienta el amor infinito del Padre omnipotente que está esperando el momento más oportuno para ayudarnos.

Debemos acudir a nuestra alma y al poder que Dios nos da a diario, a nuestro mayor escudo y fortaleza que es la sangre de Cristo y que nos debe llenar siempre para tener la fortaleza de acabar con cualquier mal. Hoy la invitación es a que vaciemos las cosas negativas que están en nuestro corazón, el odio, la rabia, la tristeza y demás pensamientos y sentimientos negativos que estén ahí deben salir para que el amor infinito de Dios entre completamente y nos fortalezca en cuerpo y alma.

No debemos culpar a Dios por el virus, porque esto es obra humana, es muestra clara del libre albedrío humano, que por errores hace que cosas como estas ocurran, pues no es la primera vez que algo de semejantes dimensiones ocurre; la humanidad ha sufrido crisis y siempre las ha logrado superar por medio de la obra y Gracia de Dios, nuestro Señor en cada vida.

Hoy aprovechemos nuestro tiempo pascual para recibir las gracias y bendiciones especiales que nuestro Señor tiene para la humanidad, porque nada se escapa de su infinito amor y poder, nada es más grande que Él y por ende no debemos temer ante ninguna adversidad, ante ningún peligro o prueba. Debemos entender el tiempo que vivimos como un tiempo de conversión, un llamado a volver a recibir a Cristo en nuestro corazón y a vivir con Él como uno solo en mente, espíritu y corporalmente también, porque con Dios en nosotros, la calma y el bienestar no tienen comparación alguna.