‘¡No me toques!’ (Jn 20, 17)
¿Cómo pasar de las lágrimas a la fiesta?
P. Fidel Oñoro cjm

(Grabación)

En esta tercera lección nos detenemos en una figura grandiosa, excepcional, paradigmática, dentro de los personajes del Evangelio: María Magdalena.

Hacemos un ejercicio de caracterización de personaje. Y a partir de ahí respondemos a la pregunta: ¿Cómo pasar de las lágrimas a la fiesta?

En este estudio, seguiremos paso a paso el itinerario de María Magdalena. Hay un antes, un durante y un después:
– ¿En qué situación estaba antes de encontrar a Jesús?
– ¿Qué cambió en ella ese encuentro y en qué marcó la diferencia dentro del resto del grupo discipular y apostólico, de ‘la segunda familia’ de Jesús?
– ¿Cómo se da el giro final que la convierte en ‘Apóstol de los Apóstoles’, como la llamó Hipólito de Roma en el siglo III dC?

La imagen de las ‘lágrimas’ nos servirá de hilo conductor, que, como veremos, son como un vientre generador.

Una vez que nos sumerjamos en el análisis de los textos saldremos a la otra orilla con la cuestión:

¿Qué lecciones nos deja María Magdalena para afrontar los tiempos de crisis, particularmente los de pérdida de seres queridos, desde la fuerza de la fe y de la esperanza?

Te anticipo algo:

En primer lugar, María de Magdala con su itinerario vivido nos anuncia que el amor es más fuerte que la muerte, que es más fuerte la esperanza que la desesperación, que hay una luz que le permite a uno salir adelante no importa lo grande del problema por el que hayamos pasado.

Pero María Magdalena nos da segunda lección: que todos nosotros también podemos ser testigos de la esperanza. Y más ahora, ahí radica nuestra misión en un tiempo en el que hemos sentido tanto la necesidad de la esperanza.

El anuncio de la esperanza, lo sabemos bien, es algo que nos da vida, que nos ayuda a salir adelante.

Pero, ¡atención!, La esperanza no es como uno a veces escucha por ahí, en un nivel algo infantil: “tranquilo que todo va a salir bien”. ¿Y qué pasa cuando las cosas no salen como uno quisiera? Pues ahí está el punto, la esperanza es mucho más fuerte que esto, consiste en que cuando las cosas no van bien, cuando todo sale al revés, cuando objetivamente no hay razones para decir que todo va a terminar como quisiéramos, la esperanza es una luz que brilla al interior de esta oscuridad real, verdadera, presente en la situación que estamos viviendo.

Y me gusta imaginar a la Magdalena como la paloma que sale del arca de Noé y que regresa con un ramito de olivo en el pico, diciendo que sobre la tierra hay posibilidad de vida. Y no importa que la tierra todavía esté anegada.

Eso es lo que ella hace a partir de su experiencia personal de encuentro con el Resucitado: una transformación interior que la lleva convertirse en sí misma un anuncio de la esperanza. Ella anuncia verdaderamente la vida y es un anuncio que proviene paradójicamente de un cementerio.

Te doy la bienvenida a esta tercer y fascinante viaje al interior del Evangelio.