El Evangelio de Mateo centra nuestra atención en la escena del encuentro de Jesús con una mujer enferma, una mujer necesitada de sanación, la suegra de su discípulo Pedro. El detalle de este relato, que lo hace aún más grandioso, es que con la llegada de la sanación a la vida de esta mujer, llega también la sanación a todo el hogar.


“Jesús llega para sanar, para levantar, para dar vida; llega a la casa, encuentra a la suegra postrada, con su presencia y su mano la va a levantar y a sanar”, explicó el padre Javier Riveros, comentando que la sanación llega a la vida de esta mujer gracias al llamado inicial de Pedro, lo que convierte a Jesús también en “buena nueva para su casa, buena nueva para su hogar”.

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“En este día Jesús también te llama, te trae una buena nueva que se irradia y se comunica a la realidad de tu casa y de tu hogar, si Jesús encuentra enfermedad en tu hogar, Jesús va a sanar”, exclamó @elpadrejavi, porque “Jesús no quiere que ninguno de nosotros esté postrado ni limitado para seguirlo a Él ni para servirlo a Él porque ese es nuestro llamado”, aseguró.


El padre Javier nos invitó a cuestionarnos “¿qué te está impidiendo levantarte hoy en Dios, en la fe, en el amor, por la visión de Dios para tu vida? ¿Qué te impide luchar y levantarte de la postración, de la caída? Es contigo mujer, Jesús viene a eso, a cambiar y a transformar tu realidad, a levantarte de la enfermedad, del pecado, del vicio, de la tristeza, “vas a poder servir a Dios, porque Él te ha dado la facultad para ello”.


“Para servir, se necesita estar sanos, porque nadie puede sanar el corazón de otra persona si antes no ha sanado su corazón, nadie puede liberar a otro, si antes no se ha liberado a sí mismo, por eso Jesús sana y libera a los que llama, porque una vez tú seas sana y libre, así podrás seguir al Señor y servir al Señor”.


Que el Señor te bendiga mujer, que nada te impida seguir luchando por tus sueños, en la visión perfecta de Dios está que tú te levantes, que seas sana y que puedas seguir y servir al Señor.
Padre bueno, gracias por cada oyente, por cada mujer, clamo que derrames tu gracia y bendición, que sea un tiempo de gracia, que podamos levantarnos en la fuerza poderosa de un Cristo vivo, que hoy podamos levantarnos en el nombre del Señor y servirlo con todo nuestro corazón. Amén.

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