El Evangelio nos plantea hoy la importancia del amor, a través del dialogo de Jesús con Simón Pedro. Jesús le pregunta sobre el amor, no le interesa saber sobre propiedades, títulos, cantidad de logros o algo más, solo el amor. Esto nos muestra hoy que lo más importante y fundamental en nuestra experiencia de Dios, en nuestra relación con el Padre y con Jesús, es este sentimiento, hoy Jesús también nos interroga a nosotros, ¿me amas?

Debemos mirar nuestras vidas y darnos cuenta si nosotros estamos correspondiendo a ese amor que Jesús no ha mostrado. A través de Pedro, Él nos muestra como su amor es más grande que cualquier falla, cualquier limitación, nos amó hasta el extremo, dio su vida por cada uno de nosotros. Incluso los santos lo han dicho: al final de nuestras vidas la única pregunta que nos hará es si amamos o no, para entrar en el gozo del Señor.

Dios nos ayuda a descubrirnos a nosotros como hijos amados, ahora la gran pregunta es la que Jesús le hace a Simón Pedro: ¿me amas? y se lo pregunta 3 veces, que nos podría hacer pensar en la negación de Pedro, pero esto también lo perdono Jesús, lo sano, porque Él no viene a condenar sino a sanar, a restaurar, y eso es la Resurrección, es la curación de nuestras heridas, el perdón de nuestros pecados, la liberación de todos nuestros males.

Así que cuando eso pasa en nuestra vida, cuando se sana el corazón, cuando se rompen las cadenas, cuando se recibe perdón y se da perdón, ahí es Pascua, ahí estamos viviendo la Resurrección. El Señor quiere que salga el temor de nosotros y nos invita a volver a Él con sinceridad, permitiendo esa Pascua para nuestra vida, aceptando nuestra fragilidad, presentando sinceramente nuestro corazón y sabiendo que nuestro amor a comparación con el de Él, es limitado, que hemos fallado, lo hemos traicionado y negado más de 3 veces, muchas más, pero aun así Él nos regala su amor.

De la mano con el amor viene otra palabra de Jesús: Sígueme, estas son las dos claves para nuestra vida, amar a Jesús y seguirlo por amor, no por obligación, entender que amando logramos sanar el corazón, que somos perdonados y salvados. Vivamos con la alegría del Señor, siguiendo con amor ese camino que ha preparado para cada uno de nosotros.