Hermanos y hermanos, hoy Viernes Santo recordamos un hecho que cambió la historia como la conocemos y que dió paso al nacimiento de nuestra fe como Iglesia, pues un día como hoy hace más de 2000 años se vivió la pasión de nuestro Señor Jesucristo y hoy debemos conmemorarlo e interiorizarlo en nuestra alma, guardar el silencio necesario para comprender y aceptar a Dios de nuevo en nuestro corazón. 

El maltrato que sufrió Jesús es para nosotros un mensaje y un recordatorio a la vez, un mensaje de amor de Dios que se hizo carne para pasar maltratos y humillaciones y enseñarnos el verdadero amor; y, un mensaje de cambio para todos nosotros, pues muchas veces como humanidad somos faltos de empatía con nuestro prójimo, hoy tomemos la cruz de Cristo y reflexionemos sobre el infinito amor de Dios con nosotros, hagamos parte del cambio que necesitamos para entender a nuestro Señor y evitemos denigrar y maltratar a las demás personas, porque así el único que recibe esos maltratos es Jesús. 

Hoy debemos también reflexionar y no caer en el error de Pedro, ante ninguna circunstancia neguemos nuestro amor a Dios, porque Él nunca nos abandona ni nos olvida; si afrontamos una adversidad o nos ponen pruebas que nos lleven a negarlo, no debemos hacerlo y para lograrlo debemos recordar el inmenso sacrificio que realizó por la humanidad.