Dios es grande y misericordioso. Él es el único dueño de la vida y ante su voluntad debemos estar siempre dispuestos, por eso, en momentos como el que estamos viviendo actualmente en el país y en el mundo se hace necesario que hoy más que nunca, nos acerquemos a su infinito amor y oremos juntos, unidos como comunidad; que ésta cuaresma sea un motivo de acercamiento más a Cristo crucificado, quien nos ama y nos acoge en su inagotable amor.

Por eso la invitación que te hacemos este día, es para que busques aquel Cristo que tienes en tu casa o colgado en tu escapulario, lo contemples y halles en Él, aquel contacto físico que no puedes tener con el exterior, dale un beso para que el amor de tu entrega sincera permita que Él te abrace y te contagie de todo lo bueno, abraza fuerte al Señor y confía en Él este día. Debemos estar tranquilos, en paz y orando para gozar de la alegría de Dios en nuestra vida, pues Él es el único que nos puede acompañar aún en los momentos más difíciles.

Te pedimos Señor que nos aceptes en el trono de tu gracia y envíes el poder de su Santo Espíritu para librarnos y sanarnos de toda enfermedad y dolencia, permítenos abrazar tu cruz e imitar el ejemplo de tu hijo amado, te pedimos también, oh Señor, que nos perdones por nuestros pecados. Te entregamos nuestros corazones y nuestras mentes para que dispongas de ellas en tu obra.

Haznos testigos auténticos de tu victoria y tu presencia viva en medio de nosotros, que la vida que estamos viviendo sea en la fe de tu hijo, nuestro Señor, quien nos ama infinitamente. ¡Que venga tu reino a nuestra vida!