Este sábado reflexionamos con el texto del Evangelio de Lucas capítulo 18, versículos 9 al 14, sobre el cual el Padre Juan Pablo Mantilla, sacerdote eudista, hace referencia en su homilía, afirmando que el Señor nos habla todo el tiempo a la circunstancia en la que vivimos, “ayer justamente el Señor nos hablaba con una ternura y nos decía que le escucháramos, que tenía un mensaje para nosotros, que ese era el primer mandamiento, escucharlo a Él”, manifestó el padre.

En la primera lectura de la liturgia de este sábado, el profeta Oseas genera la herida que nos ha golpeado pero que también nos vendará, “y en esta circunstancia que estamos viviendo aplicamos un dicho que dicen las mamás, el Señor da la llaga y da la medicina, es decir que el Señor permite muchas cosas en la vida pero también da las herramientas al ser humano y a la Iglesia para que superemos la adversidad”. El Señor no soluciona el problema mágicamente, porque el Dios cristiano no es un Dios mágico, pero si nos da las herramientas para salir adelante, y la primera de las herramientas es la oración.

Si usted y yo no oramos, ¿qué ocurrirá en nuestro interior, en nuestra vida?, pues entraremos en un desasosiego, en una desesperación terrible, pero si oramos, el Señor nos irá dando luces, calma, irá apaciguando nuestro corazón pero sobre todo nos irá haciendo leer la situación desde su óptica, desde su mirada, con una mirada de fe. El Señor permite ciertas cosas porque Él no se opone a la voluntad humana, y aun cuando la voluntad humana es tan frágil, nos permite salir adelante.

En el Evangelio, por otro lado, encontramos dos posiciones contrarias, dos personajes, un fariseo y un publicano, ambos van a orar al templo, pero uno de ellos, el fariseo lo hace de manera erguida y se siente autosuficiente de lo que es y de lo que hace; realmente su oración es una alabanza a sí mismo porque se siente tan suficiente porque lo que hace es alardear y alabarse frente a Dios, una actitud muy poco humilde, pero por el otro lado el publicano sube a orar con una actitud distinta, se queda atrás y ni es capaz de levantar la mirada a Dios, le dice a Dios “ten compasión de mi”.

En esta situación de confusión y de enfermedad, podemos asumir cualquiera de esas dos actitudes, ser autosuficientes y creer que no está pasando nada y que nada nos puede afectar, priorizar la economía y el placer antes que el bienestar y la salud de las personas, esa puede ser una de nuestras actitudes como el fariseo; otra puede ser permanecer en casa e incrementar la oración y decir, Señor ten compasión de nosotros, y que de esta manera, autoridades gubernamentales, civiles y universidades vuelvan a Dios y clamen por misericordia.

Dios nos da las posibilidades de sortear esta situación por lo que nos detenemos y discernimos, ¿cuál va a ser nuestra actitud? Que la Palabra de Dios hoy nos confronte y nos haga ver que todo el que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido. Este es el momento de la humildad, nos ha detenido una cosa mínima que ni la podemos ver, una cosa minúscula para recordarnos cuan frágiles y vulnerables somos.