La reflexión de la Palabra de este lunes, el Padre Javier Riveros la inició con la primera lectura correspondiente a Romanos, una palabra que nos sitúa a la figura de Abraham, nos habla de la fe y nos deja una enseñanza grande de cómo podemos vivir la fe en nuestra vida, “Abraham ante la promesa de Dios no fue incrédulo, sino que ante la promesa de Dios se hizo fuerte en la fe”, afirmó el Padre Javier, Cuando decimos que tenemos fe, estamos fundados en una promesa de Dios, Abraham, por ejemplo, tenía mil razones para ser incrédulo, su edad, la situación de salud su mujer, su estabilidad económica, él no tenía problemas que requirieran de la ayuda de Dios, tenía razones para no creer, sin embargo decidió creer, se hizo fuerte en la fe.

“Ustedes y yo nos podemos hacer fuertes en la fe, ésta nos fortalece y por medio de la misma, podemos alcanzar lo que Dios ha prometido, la promesa de dios, nos desborda, no tiene límites y podemos alcanzarla por la fe”, afirmó el sacerdote eudista.

Debemos persuadirnos de que Dios puede hacer lo que promete, es un trabajo hacia adentro, “necesito persuadirme, es un ejercicio de persuasión interior, de que Dios es capaz de hacer lo prometido. Ustedes y yo necesitamos persuadirnos de que Dios es capaz de hacer lo que Él promete; ¡Persuádete de eso! Dios es capaz de abrir caminos, Dios es capaz de dar la vida a todos, Dios es capaz de mostrarte la salida y la solución y esa es la fe de que debemos persuadirnos”.

Esta es la primera enseñanza de la liturgia de la Palabra de este lunes, la fe que nos justifica, fortalece, nos obtiene la salvación, la fe que implica un ejercicio de persuasión interior nos lleva a afirmar que Dios es capaz.

Cuidado con lo que albergas en el corazón


El Evangelio de este lunes, por otro lado, toca la temática de nuestro manejo de los bienes materiales, similar a muchas situaciones que vivimos hoy en día, aparece una persona que se le acerca a Jesús y le dice que le pida a su hermano que comparta la herencia con él. Jesús frente a esta situación pregunta ¿Quién me nombró entre ustedes juez o árbitro?, y acto seguido les dice: “este es un asunto que ustedes tienen que resolver tomando decisiones”.

El padre Javier reflexiona en torno a este texto que el problema no está en las posesiones materiales, está en la codicia, en la ambición, y recordó que Jesús se refirió a la necedad e insensatez del hombre de oscuro corazón por medio de una parábola que aclarara que el problema no era la buena cosecha que tenía el hombre en cuestión sino la ambición, la codicia reinante en su corazón, y allí evidenciamos que Dios no aparece por ningún lado en la vida de ese hombre. Esto nos lleva a preguntarnos, entonces ¿qué clase de vida es ese? Muchas veces creemos que es un estilo de vida anhelado y perfecto para nosotros; pero no es la vida que ustedes merecen, merecen mucho más porque la felicidad no está en el dinero ni en la ambición. La alegría está en guardarse de toda codicia. Debemos ser vivos pero no en el sentido de la malicia, no del aventajado, sino ser vivos pero en Cristo Jesús, no ser vivos en el mal, en la injusticia.

Que triste las familias que se dividen por estas cosas, por el corazón lleno de codicia y ambición, comentó el Padre Javier, y aprovechó de recordar que en Colombia celebramos a Santa Laura Montoya quien sí amasó una gran fortuna pero una fortuna para Dios, y se trata de una colombiana, orgullo de nuestro país, demostrando que sí es posible ser santo en Colombia, podemos ser santos los colombianos, ella es un ejemplo de eso, haciendo el bien, siendo honestos, abajándonos para levantar al otro, enseñando a orar, orando más, ayudando a los pobres, necesitados, marginados, compartiendo los bienes.


José Andrés Hurtado