Estos días posteriores a la resurrección de Cristo, nos han traído mensajes de júbilo, gloria y alabanza para el Señor, así como lo vemos hoy en Lucas 24, 13-35; allí, dos hombres de fe tienen la dicha y la bendición de recibir al mismo Jesús en persona en su casa, pero no lo logran reconocer hasta que Él bendice los alimentos que iban a ser ingeridos, no lo habían logrado identificar por que andaban profundamente tristes por su reciente muerte tres días atrás, pero fueron bendecidos con el milagro de su compañía; allí sintieron como su alma y corazón ardían de amor hacia Dios y hacia Cristo su hijo, nuestro Señor.

El evangelio según San Lucas, nos permite entender que Cristo está ahí siempre para nosotros y nos abandona, mucho menos en momentos de dificultad o profunda tristeza, porque Jesús es vida, esperanza y amor eterno y por medio de su Palabra, sus enseñanzas y su Santo Espíritu podremos llevar una vida completa, plena y satisfactoria.

Es por este motivo que no debemos dejar que las enseñanzas de Dios se queden el olvido, hoy estamos siendo llamados, hermanos y hermanas, a llevar la Palabra del Señor con nosotros, en cada momento y lugar de nuestras vidas, para ser testimonio en vida del milagro de Cristo en nuestra cotidianidad, seamos pues como Pedro y Juan, que ayudaron al mendigo a recuperar su movilidad, seamos el canal por el cual Jesús pueda obrar con sus milagros y permitamos a más gente que conozca y viva a Cristo en su cuerpo, corazón y espíritu.

Hoy el mensaje de Dios con nosotros es a que lo invoquemos siempre, a que demos a conocer sus enseñanzas, hazañas y seamos la voz para su pueblo, hoy aprovechemos para glorificar su nombre y en Él vivir bienaventurados, a que busquemos su infinito poder y amor, a buscar su amor y ante todo a reconocer su mandato como rey soberano de todo lo existente, porque sólo a través de su misericordia infinita podremos vivir eternamente.