En el Evangelio de este lunes encontramos la parábola del Buen Samaritano, en la homilía de la eucaristía diaria, el Padre Javier Riveros relató que el Señor Jesús nos enseña quien es el prójimo y cuál es el valor de la misericordia, “a Jesús se le ha preguntado antes ¿qué es lo más importante, quien es el prójimo? siempre solemos pensar que el prójimo es el otro, pero lo que esta parábola muestra es que el prójimo soy yo en cuanto me hago próximo al otro”.

Un hombre que ha sido apaleado y abatido resulta está medio muerto, pasan dos hombres, que “son hombres de Dios”, un sacerdote y un levita, pero lastimosamente, ven al abatido, dan un rodeo a la escena y siguen su camino sin hacer absolutamente nada, quedándose como espectadores del dolor humano.

¿Hasta dónde en nuestra sociedad nos hemos venido llenando de ese tipo de actitudes, de cierta indiferencia?, no nos hacemos prójimo del otro, por miedo, por temor, por prejuicio, se preguntó el Padre Javier.

Lo que hace el samaritano es que se compadece, y eso es lo que nos dice hoy el Evangelio, que se vea tu sentimiento de compasión por los demás, porque puedes tener mucho culto, muchos ritos, muchas oraciones, celebraciones y estudios, pero si te falta la compasión, te falta todo, te falta la misericordia.

El padre lamentó la posición de los otros, “se quedaron observando, se lamentaron, lo comentaron, pero nada más y tú, ¿cómo actúas el día de hoy?

El director de la EMD resaltó una serie de verbos presentes en el texto: “Lo vio, se compadeció, se acercó, le vendó las heridas, lo llevó a una posada, lo cuidó, encontramos verbos en los que se ejerce la misericordia, la compasión, Jesús nos propone hoy, contrario a la indiferencia y dureza del corazón, la verdadera compasión y la verdadera misericordia que es la que salva al otro y restaura al otro.

Finalmente invitó a que ejerzamos la compasión y la misericordia en lo inmediato y en el tiempo que se requiera para la sanación y restauración de esa persona, “hay que invertirle tiempo, ganas y corazón”.