La palabra de Dios nos presenta el testimonio de grandes mujeres que hicieron la diferencia por su fe, por su oración, su valentía y la fuerza que encontraron en el Señor.


“Y Ana oró de esta manera: Señor yo me alegro en Ti de corazón, porque Tú me das nuevas fuerzas, puedo hablar contra mis enemigos porque Tú me has ayudado, ¡estoy alegre! Nadie es Santo como Tú Señor, nadie protege como Tú, Dios nuestro, nadie hay fuera de Ti, que nadie hable con orgullo, que nadie se jacte demasiado, porque el Señor es el Dios que todo lo sabe, el pesa y juzga todo lo que hace el hombre” 1 Samuel 2, 1-2


Ana, era una mujer que no podía tener hijos, era estéril, pero Dios la hizo fecunda por el poder de su gracia. Podemos imaginar todo lo que sentía esta mujer por no poder tener hijos, expuesta a la humillación, el dolor, el rechazo, en un ambiente donde los hijos eran y son una bendición de Dios.


Ana oro a Dios, confiaba en Él e hizo la diferencia desde la oración, ella cambio su vida al orar y Dios le otorgo el hijo que tanto esperaba.
Tú también eres una mujer de oración, también puedes orar, con fe y confianza, en momentos de necesidad, hazlo en fe y poder. Dios te sacará de la humillación, la frustración y la amargura; Dios quiere darte tu bendición. Atrévete a buscar de Dios, a ser alguien que lo busca en la oración y que desde ella arrebata para su propia vida las bendiciones que Dios te quiere dar.

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Ana lloró con insistencia y ella oro con perseverancia, con el alma llena de amargura pero orando, y le hizo una promesa a Dios “Señor todopoderoso si te dignas contemplar la aflicción de esta tu sierva, y te acuerdas de mí y me concedes un hijo, yo lo dedicaré toda su vida a tu servicio y en señal de esta dedicación no se cortará el cabello” 1 Samuel 1,11


Ella le pide concretamente ese hijo que anhela y promete poner su hijo a su servicio; también tú puedes orar con claridad, concretamente, suplica y sé agradecida y promete poner tu corazón y tu vida al servicio del Señor. Ora como Ana, desde el corazón y el alma, que el señor escucha, Ana tuvo su hijo, y le puso de nombre Samuel porque se lo había pedido al Señor.


Mujer, tú eres fecunda , Dios te da su Espíritu, su gracia y su bendición. Dios te saca de la esterilidad, Él te saca de una vida estéril, sin los frutos del Reino de los cielos, Dios te saca de esa vida seca, amarga y estéril y te da frutos en abundancia, Dios se glorifica en ti, estas llamada para la vida, ora como Ana para que la fecundidad de Dios en ti florezca y se manifieste, cambiando tu tristeza en alegría, tu llanto en gozo y celebración.


Ana tenía un gran motivo para alegrarse en su corazón, Samuel fue un gran profeta, siervo del Señor, instrumento de gloria, cuando Dios te bendice lo hace con lo mejor. También tú puedes decir igual que Ana: Señor,nadie bendice como Tú; nadie me hace fecunda como Tú; nadie se glorifica en mi vida como Tú, eres el santo, Señor, el Dios nuestro, se te debe toda la gratitud, alabanza y gloria.

¡Confía en el Señor y Él no te defraudará!


Coloquemos la vida de todas las mujeres con está oración del Padre Javier Riveros:


“Padre Dios, gracias por tu Palabra que es vida, fecundidad, que es poder. Bendito seas Dios, a Ti el honor, la gloria, y el poder. Padre Dios te presentamos nuestras vidas y oramos para que por el poder de tu Palabra nuestras vidas sean fecundas, sean transformadas.


Oramos Padre Dios en el nombre de Jesús, para que como Ana se suscite en nosotros un espíritu de oración y fe que cambie nuestras circunstancias de aflicción, tristeza y dolor en motivo de alabanza y gloria, al ver tu bendición en nuestra vida. Bendice, toca y sana el corazón de cada mujer, la que está sola, la triste, la herida, aquella que no se siente fecunda, la que siente que ha perdido el tiempo, o que no hay salida, Señor bendice cada mujer para descubra que Tú eres la salida, que Tú estas con ella, que Tú escuchas la oración, que bendices como nadie puede bendecir, derrama tu amor y tu gracias sobre cada una de ellas.


Amén

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