Hay momentos de la vida en que la inspiración se acaba, que los motivos que tenemos alrededor de nosotros son importantes pero no logran ser esa chispa, esa luz para seguir. Cuando te sientas agobiado, cuando te sientas cansado, si quieres renovar fuerzas, encontrar el sendero, encontrar esa chispa de inspiración que te levanta  y te sacude, entonces recurre a Jesús.

Y no porque a Jesús solo tengamos que recurrir en momentos de dificultad o soledad, no, a Él debemos tenerlo constantemente en la vida, cuando todo marcha bien y cuando no. 

La inspiración nos mueve, cuando estamos inspirados irradiamos felicidad, le ponemos amor a todo lo que hacemos, somos más productivos. La inspiración es como ese motor que moviliza todo nuestro cuerpo, sentimientos y actividades. Por eso es urgente acudir a Jesús para que nos ayude cuando lo sintamos ausente, cuando nada es suficiente chispa, suficiente combustible para ser la inspiración vital del día a día.

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Buscar un espacio para hablar con Jesús en nuestra vida es fundamental, en ocasiones necesitamos desconectarnos de la vida, de la rutina y volver a esa fuente de amor que nos muestre cómo seguir, que nos enseñe a vernos con esa visión perfecta para la que fuimos creados.

No está mal sentirnos cansados, o agobiados, somos seres humanos que nos construimos a diario, lo que no está tan bien es quedarnos con esos vacíos, sentir que algo falta en nuestra vida y no buscar la solución, o buscarla en las personas, momentos y lugares equivocados.

No dejemos que la chispa de la inspiración que tanto bien nos hace se nos agote, busquemos como tenerla viva todos los días, y que esta se nos note, que seamos felices, que trabajemos y hagamos todo con amor, convencidos que nuestros actos aportan a un mundo mejor, empezando en el hogar y replicando en todos los espacios donde nos movemos. 

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