Hoy Jesús a través del Evangelio de Juan nos regala una promesa que llena de gozo nuestra vida “tu tristeza se convertirá en alegría”.

Las lecturas del Evangelio de estos días nos hablan de la despedida de Jesús, y la tristeza que esto causa entre sus discípulos, por la usencia del maestro, el amigo. Pero el Señor los consuela de muchas maneras y les dice que les conviene que Él se vaya para que venga el Espíritu Santo y Él estará con ellos para siempre.

Hoy en particular Jesús se refiere a la partida a través de la Cruz, como esa experiencia dolorosa, triste, y que nos hace llorar amargamente, pero ahí el Señor nos dice “su tristeza se convertirá en alegría” Este es un mensaje pascual para todos nosotros. Cuando vivimos la experiencia de cruz en Jesús se convierte luego en una experiencia de alegría, de gozo pleno por la resurrección de entre los muertos.

Hoy se nos invita a tomar nuestra propia cruz, signo que nos identifica como cristianos, que llevamos por fidelidad a Jesús, a su Palabra y vivimos los sacrificios que la verdad nos exige, en medio de un mundo que vive de manera contraria. En nuestra vida pasamos momentos de cruz, con dolor, tristeza, aflicción, y el Evangelio nos dice que todo eso se convertirá en alegría. Solo necesitamos disponer el corazón, y caminar con Dios y Él transformará todo dolor en gozo y alegría.

Jesús nos dice que por su poder, por su resurrección transformará el dolor en vida, salud, libertad, gozo y paz. Tal cual Él lo hizo en la cruz dejando atrás el sufrimiento, abandono, la muerte y convirtiendo todo esto en la experiencia de amor, esperanza y salvación más grande.

Este mensaje es para todos, para la humanidad, golpeada, afligida y entristecida por la afectación de hoy, esta realidad nos muestra la ausencia de Dios, en nuestras vidas, en las familias y en la sociedad. Pero si volvemos a Jesucristo volverá la alegría y esperanza, y Él volverá de la manera más cercana y real, vendrá a través de Pentecostés, donándonos su Espíritu para que more en nosotros nos revitalice, renueve, nos infunda vida, poder, gracia, amor y gozo. Y así con valentía y dignidad podamos asumir este momento que estamos viviendo, llevando la alegría interior y sabiendo que Dios está con nosotros, nos sostiene y acompaña.

No lo olvides, tu tristeza se convertirá en alegría, tu dolor que puede ser por un pecado, una cadena, el pasado, la soledad o el abandono, en el nombre del Señor se convertirá en alegría. El Señor asume tu tristeza porque no te quiere dejar ahí, Él te quiere sanar y llenarte de vida, para darte plenitud con su presencia, su amor y su poder.